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Ser mamá es suficiente

Estoy hablando de ser simplemente una mamá. Estoy hablando de levantarme por la mañana, mirarme al espejo, suspirar, cepillarme los dientes, levantar a mis hijos, pasear por la cocina y servirles cereal, enjuagar platos, besar sus frentes y esperar a que mi café esté listo.

No hay mucho glamour.

Eres solo tú, tú dando de ti misma. Minutos que suman horas, horas que suman días, días que suman semanas, semanas que suman meses, meses que suman años y años que suman una vida llena de esos simples momentos de ser mamá.

De alguna manera, en este mundo regido por los medios sociales, llenos de lugares a donde se supone que debemos de ir, de cosas que debemos de hacer, de comidas exóticas que debemos probar; la belleza de simplemente ser una mamá parece perderse.

Ser madre es suficiente.

A veces nos perdemos de las interacciones con nuestros hijos y de los momentos de risas y nos enfocamos en sus éxitos. La sociedad pone la barra de éxito demasiado alta, olvidándose de esos pequeños grandes momentos que forman parte de ser mamá.

¿Pero sabes qué es lo que realmente importa?, esto…cosas pequeñas.

Como detenerme y realmente observar el proyecto escolar de mi hijo, pudiendo apreciar sus talentos y su esfuerzo. Es encontrar un rato para sentarme a jugar un juego de mesa mientras me río y tomo un respiro de las tareas y responsabilidades. Es dejarme de preocupar tanto por la ropa que hay que lavar, la ropa puede esperar. Es acerca de estar agradecida de tener una familia a la que le pueda lavar la ropa.

Sólo es estar ahí, cocinar juntos, reír.

Esas cosas que no son tan celebradas en las páginas sociales, son esas pequeñas cosas que los demás no ven pero que tienen un gran significado en cuanto a la felicidad de la familia. No ven cuando te levantas por la mañana y te tomas unos segundos para darte fuerzas a ti misma, no ven a todas las madres solteras que no tienen apoyo, no ven los interminables viajes de ida y vuelta en el auto, no ven las veces que tienes que contar hasta diez antes del mediodía, no te ven suspirar al ver tu cuenta bancaria y tratar de averiguar cómo hacer tres comidas con lo que queda en tu despensa, no se ven las curitas que pusiste en las rodillas, los besos que les diste en la frente cada noche, ropa doblada luego de lavarla, las lágrimas que detienes mientras sigues y sigues. Cenas listas, el tiempo invertido en reírse sobre cosas tontas, las cepilladas de pelo, no ven las noches dormidas en una silla, mientras sostienes a uno de tus hijos enfermos. Esa sonrisa valiente cuando estás cansada… esas son las cosas que importan. Esas cosas son suficientes.

No hay mamás perfectas, hay mamás reales.

Mamás auténticas que admiten que no lo tienen todo solucionado pero siguen luchando. Mamás como tú y yo, que a veces se sienten perdidas con las metas que el resto del mundo establece; una madre no está basada en la perfección externa, una madres es la persona, la mujer, igual que tú.

Una mujer con pequeños a su cuidado, a que a veces se pregunta cómo puede ser que los ame tanto, cuando la vuelven loca. Ella lucha, da, trabaja y no se da por vencida aún cuando a veces quisiera hacerlo.

Esa eres tú; ayer, hoy y siempre. Eres admirable.

Texto: Rachel Martin (findingjoy.net)

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